sábado, 7 de marzo de 2009

Ya huele a incienso...


Esto ya es una cuesta abajo. Los días se suceden cada vez con más rapidez. Los actos y conciertos semanasanteros, que comenzaron hace pocas semanas, ahora se agolpan en los calendarios desbordando iglesias y capillas. Ya huele a incienso en el corazón de muchos. Es más, ya han salido las primeras "procesiones": filas de gente que corren de iglesia en iglesia, de un besamanos a un concierto o a un pregón. Y entre tanto, los miembros de las juntas directivas, que se distinguen por llevar carpetones a rebosar de papeles, pasan los típicos nervios de última hora: "que no llueva, que estén las flores a tiempo, que hay que pasar a buscar las velas,...". Sin olvidarnos, por supuesto, de los hermanos de carga, a los que podemos ver en sus ensayos por las calles del casco antiguo. Muchos pies que responden al unísono a las órdenes de su capataz. Todavía sobre sus hombros hay solo unas andas vacías, pero todos tienen esa ilusión, esa emoción de saber que no solo van a cargar una imagen, sino que por un día van a ayudar a Jesús a llevar su cruz.


Y llegamos a lo más importante, y es que por encima de todas estas tradiciones, de todo este sentir popular y comunitario está Cristo, el motivo verdadero de la Semana Santa. Aunque a veces la música aturda y el oro deslumbre, no podemos olvidar que lo que verdaderamente vamos a celebrar en pocos días es la muerte de Jesús por nosotros, para salvarnos del pecado, y el triunfo del Amor y la Verdad con su Resurreción. Esto sí es la Semana Santa.


Preparémonos para celebrar una Semana plena. Que huela a incienso también por dentro.


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